AC/DC: Un diciembre de 2009, se creó la atmosfera ideal para explotar 25 canciones al máximo

 

Las últimas dos décadas han sido bastante provechosas para AC/DC. Han explotado con bastante gusto y estilo su época clásica con el difunto Bon Scott como vocalista mediante distintos box sets y han sacado lustre a su formación con Brian Johnson al frente por primera vez desde la edición del lejano clásico “Back in black”. Moviéndose en ese eterno malentendido que les etiqueta como grupo heavy cuando en realidad se trata de una banda de rock a secas, los australianos consiguieron que su carrera reemprendiera el vuelo definitivamete hace ya más de veinte años con la edición del famoso “The razors edge”, aunque el sobresaliente lo lograrían con su continuación de cinco años después, aquel “Ballbreaker” producido por Rick Rubin. Paréntesis de un puñado de años separarían sucesivos álbumes notables (“Stiff upper lip”, “Black ice”) y sus respectivas giras, todas documentadas en lanzamientos domésticos audiovisuales que registraban el paroxismo de su audiencia en perfecta comunión con la banda.

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Angus y Malcolm Young –únicos capos– han ido tomándose su tiempo en los últimos años a la hora de grabar y girar pero asegurándose también que siempre haya hambre por la banda, lo que combinado a su incontenible energía hace que cada concierto sea una explosión. Así, “Live at River Plate” recoge dicha combinación pero la sazona con el empuje del público argentino y, ya se sabe, las audiencias mediterráneas y sudamericanas son especialmente proclives a la euforia e histerismo.

Doble cedé, casi veinte canciones y el repaso habitual al repertorio de AC/DC, haciendo pocas paradas de cortesía en el disco a presentar para centrar el grueso del repertorio en hits (‘You shook me all night long’, ‘Highway to hell’, ‘Whole lotta Rosie’) y temas añejos aunque no por ello menos clásicos (‘Dog eat dog’, ‘Hell ain’t a bad place to be’). El reparto es claro y la realidad es la que es: El repertorio se vertebra en torno a las canciones de la era Bon Scott y a aquellas contenidas en “Back in black” ya con Johnson como cantante, es decir, temas antiguos. Esa es la encrucijada de los hermanos Young y de tantas bandas clásicas, tener que servir a la histeria colectiva pese a que su material reciente posea momentos estupendos que jamás serán aceptados por un público que quiere lo de siempre, en esta ocasión además acostumbrados a los muy delimitados parámetros de AC/DC. Esa es la clave de su éxito, un producto artesano y endogámico que les impide vender nada nuevo aunque tampoco tengan pensado traicionarse a si mismos.

 

Fuente: efeeme

Señor Aguja /twitter: @AgujaRoja

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